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Algunos puntos de partida para clasificar

Hay muchos artistas que podrían dar una clase teórica a través de una obra estéticamente válida. En muchos de sus cuentos y poemas Jorge Luis Borges –quien nunca mostró interés por los estudios científicos sobre el lenguaje- desarrolla sin embargo, con mucha profundidad, temas teóricos sobre la lengua, la comunicación y las relaciones humanas.

Vamos a leer un fragmento de Borges para comenzar a hablar sobre las tipologías textuales. No nos interesa “bajar” una clasificación –de las muchas posibles- sobre los tipos de discurso que manejamos como parte de una sociedad. Para cumplir con los objetivos del curso –básicamente, reflexionar sobre la comunicación-, nos interesa avanzar sobre qué significa que un discurso se pueda asimilar a tal o cual tipo.

Cada clasificación esconde una manera de ver el mundo, una cultura, por más científica u objetiva que parezca la grilla. Esto es lo que vamos a ver en Borges.

En “El idioma analítico de John Wilkins” Borges cita una enciclopedia china que clasifica los animales de esta manera:

“En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en

a. pertenecientes al Emperador

b. embalsamados

c. amaestrados

d. lechones

e. sirenas

f. fabulosos

g. perros sueltos

h. incluidos en esta clasificación

i. que se agitan como locos

j. innumerables

k. dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello

l. etcétera

m. que acaban de romper el jarrón

n. que de lejos parecen moscas.”

No hay forma de hallar una lógica en esta enciclopedia china. O por lo menos sería muy difícil. Representa sin duda un tipo de pensamiento diferente del nuestro. Y no por ser “china”: toda clasificación va a mostrar lagunas, a dejar objetos fuera, a superponer capas. En sus variables, va a mostrar una visión del mundo, una ideología.

Algunos puntos de partida para clasificar

En buena medida, estudiar cualquier objeto comienza por una instancia de clasificación, de definición a partir de una tipología.

Clasificar no es una actividad mecánica, puede pensarse como una instancia de creatividad. El objetivo es usar la clasificación como una herramienta y no quedar presos de ella.

Clasificar es:

  • oponer: es definir un objeto diferenciándolo de otros;
  • acotar: es en alguna medida alienar para poder entender. Esto quiere decir que toda clasificación es incompleta y reduccionista en cierta forma;
  • dar el primer paso para entender algo;
  • cuando nos encontramos ante diferentes discursos sociales, siempre se dan entremezclados. Nunca en estado puro.

Hay miles de tipologías: algunas muy antiguas como la de Aristóteles y otras tan modernas que pueden dar cuenta del fax y del e-mail; algunas muy simples y otras que mezclan múltiples variables. Están todas a nuestra disposición según lo que queramos ver, estudiar, definir.

Cuando clasificamos estamos haciendo un análisis del texto e identificando rasgos que lo caracterizan, que se llaman rasgos prototípicos.


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